Friday, May 13, 2011

En el Centenario de Mahler: la Séptima Sinfonía, La Canción de la Noche



Mientras Gustav Mahler terminaba su Sinfonía 6, Trágica, durante el verano de 1904, al mismo tiempo escribiría un par de Nocturnos, que finalmente formarían la esencia más importante para su Sinfonía 7, conocida popularmente como La Canción de la Noche.

Un año más tarde, escribiría los otros tres movimientos, escribiéndolos en un tiempo récord de 1 mes, durante el verano de 1905.

Al momento de componer la Sinfonía 7, Mahler ya estaba consolidado como el indiscutible mejor director de orquesta de la época, además de ser considerado como un gran compositor (al menos fuera de Viena). Se encontraba felizmente casado, ya con dos hijas y aunque su salud pasaba por etapas frágiles, la diosa Fortuna no le podía sonreír de mejor manera... sin embargo, todo estaba a punto de colapsarse en los años venideros.

La obra es interesante ya que contiene dos scherzos y dos nocturnos, intercalados y con un cierre rondó, como en algunas de sus sinfonías anteriores.

Los cinco movimientos que conforman la Sinfonía 7 son los siguientes:

I. Scherzo I. Adagio Lento, sin Arrastrar (Allegro risoluto, ma non troppo)
II. Nocturno I (Allegro moderato, molto moderato)
III. Scherzo II. Fantasmagórico fluye, sin rapidez (Scherzo en trio)
IV. Nocturno II, Recuperación (Andante amoroso)
V. Rondo-Finale (Allegro ordinario - Allegro moderato ma energico

El primer movimiento se trata también del primer scherzo, el cual mantiene la estructura de sonata evolucionando de Mi menor a Si menor. La música suena un tanto misteriosa, en especial por la inclusión del bombardino barítono, tomado prestado de las bandas escolares, el cual lleva el tema al comienzo del movimiento. La sección intermedia muestra una melodía llevada por los violines que trata de plasmar la actividad natural en el bosque y lago cercanos a su cabaña, en Corintia. El cierre del primer scherzo retoma los instrumentos de viento para regresar al torrente de energía.

El segundo movimiento es su primer Nocturno, el cual suena un poco más a música marcial que serenata; se trata de un andante en Do menor. Sin embargo, la intención de Mahler fue musicalizar el famoso óleo de Rembrandt llamado La Ronda Nocturna. Al igual que en la Sinfonía 6, se vuelve a utilizar el recurso de los cencerros, para simular el paso de ganado vacuno. El Nocturno se va apagando poco a poco al final del movimiento hasta que inevitablemente se ahoga el sonido.

El tercer movimiento es su segundo scherzo que su título Fantasmagórico habla por sí mismo. Más que ser una “broma”, el segundo scherzo suena a burla contra la sociedad vienesa, por ser tan crítica con su obra y mostrar liviandad frente a los valses vieneses, tan de moda a principios del siglo XX. Cuando el káiser Francisco José falleciera en 1916 y el legendario Imperio Romano de Occidente finalmente terminara, lo primero que hicieron los vieneses fue llevar los valses a las salas de conciertos, ya que anteriormente eran vistos como música popular, indignos de una orquesta seria. Su creación en Re menor es una muestra del sarcasmo.

A través de este segundo scherzo, se aprecian mejor instrumentos “nuevos” en una orquesta como la tarola o el bombo, tan utilizados durante los años venideros como elementos fundamentales en una batería. Las campanas tubulares, que surgieron durante el siglo XIX para emular al sonido campanario de una iglesia, siendo popularizadas por el célebre villancico ucraniano Suenan las Campanas o la no menos famosa Obertura 1821 de Tchaikovski. Vuelve a utilizar las baquetas como instrumento solo y la armónica de metal, que ya usara en su sinfonía anterior. Una aportación interesante ocurre con la introducción del pandero.

El segundo scherzo, Fantasmagórico, termina con una sensación de mareo ante tanto “instrumento popular”.

El cuarto movimiento es el segundo Nocturno, donde el arpa, la guitarra y la mandolina son los instrumentos protagonistas, para dar un ambiente más cercano a una serenata, mucho más brillante que la anterior, donde su Fa mayor contrasta con el Do menor del primer Nocturno. Para lograr que los nuevos instrumentos de cuerdas se escuchen con claridad, Mahler tiene que prescindir de la mayoría de los instrumentos de viento; por otro lado, las maderas son reducidas a la mitad. El segundo Nocturno inicia con un solo de violín para abrirle el paso a los dos instrumentos de cuerdas invitados. La interesante combinación del corno francés con la guitarra es justamente la base en la cual Joaquín Rodrigo compusiera años después (1939) el segundo movimiento, Adagio, para su famosísismo Concierto de Aranjuez.

El quinto movimiento es un rondó muy emotivo e intenso que se escucha en Do mayor. El movimiento es un conjunto de 8 variaciones a temas muy populares a principios del siglo XX, como La Viuda Alegre de Franz Lehár, entre otros tantos.

A diferencia de los dos Nocturnos, da la impresión de que Mahler se está burlando de la sociedad vienesa, no es extraño que la sociedad le retribuyera su animadversión, por lo que el catastrófico año de 1907 tuvo como consecuencia (entre otras cosas peores) su salida como Director en la Casa de Ópera, razón por la cual la Sinfonía 7 tuvo que esperar por una oportunidad… y fuera de Viena.

El estreno de la obra ocurrió 3 años después (19SEP08) en la ciudad de Praga y bajo la batuta del propio autor, con motivo del aniversario de diamante (60 años) del káiser Francisco José, que ya por ese entonces ostentaba el pomposo título Rey de Bohemia (para ganarse a los checos).

Un dato anecdótico fue que un discípulo de Mahler fue recomendado por él mismo para ocupar el puesto de Director del Teatro Alemán de Praga, el famoso Otto Klemperer, quien fungió como director adjunto al momento de la premier de esta sinfonía.

La Sinfonía 7, La Canción de la Noche, es la plataforma para la composición de los grandes del siglo XX como Schönberg, Stravinsky o Britten, es propiamente, el nacimiento de la escuela musical para dicha centuria.

Saludos.

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