Sunday, June 11, 2023

Los cachirules, entre la ilegalidad y la educación mediocre.

 

La década de los 80’s en el siglo pasado fue un tiempo difícil, dada la gran cantidad de factores adversos que complicaron su ser y proceder.

Por un lado, se vivieron las reminiscencias de la Gran Inflación (1965-1982) que sacudieron la economía global. Como país, perdimos el boleto a las grandes ligas (que entonces sí aceptaron Japón y Alemania) al ponerle el freno a la economía desde 1970 hasta 1982, durante la Docena Trágica. Localmente (en Monterrey), se vivió una inmigración exagerada durante la década de los 70’s, gracias al arribo de gente que llegó para sumarse al rampante crecimiento económico que inició un siglo antes, lo cual rebasó el equipamiento urbano, con temas como desabasto de agua (hasta la fecha), vivienda, salud y educación.

Con esto como contexto, así como el grave daño hecho a la educación por Luis Echeverría (desde cual, hemos cavado aún más profundo), el escenario para el país, así como en la ciudad de Monterrey, era un reto muy duro de vencer.

Ante este marco, un equipo profesional de futbol soccer, Rayados del Monterrey, tuvo a bien experimentar con nuevos talentos: locales y “baratos” entre los jugadores llaneros de la ciudad.

Por la época, el Río Santa Catarina (que es en realidad un ancho y profundo drenaje pluvial natural que atraviesa la ciudad de poniente a oriente) se había convertido un espacio deportivo de varios kilómetros de largo que albergaba decenas de campos deportivos; principalmente, a un deporte novel en la ciudad: el futbol (a pesar de que el club de Rayados ya tenía tiempo de existir, la afición a este espectáculo no rebasaba los 10 años).

Los Rayados quisieron probar suerte con una persona reclutada, Francisco Javier “el abuelo” Cruz, quien incluso llegó a ser seleccionado nacional, siendo todo un éxito su incorporación al equipo; por lo que optó por ampliar su abanico de contrataciones por esta vía.

De este modo, un grupo de muchachos llaneros se incorporaron al Club; algunos de ellos, destacaron lo suficiente como para que Pancho “el potrillo” Avilán los fomentara, lograra el primer campeonato del Club en 1986 y se le promoviera para dirigir la selección nacional Sub-20 (jóvenes menores de 20 años), a donde llevó algunos de ellos, logrando su pase al mundial a disputarse en Arabia Saudita en 1989.

La mayoría de ellos eran hijos de inmigrantes, recién llegados a la ciudad una generación anterior, con una educación y calidad de vida muy precaria. En general, venían de un grupo conflictivo llamado Tierra y Libertad, quienes vandalizaron la ciudad en los 70’s (hasta que Alfonso Martínez Domínguez, entonces gobernador, les puso un alto). Para los 90’s, crearon una asociación política llamada Partido del Trabajo, con presencia nacional y dirigida por estos porros hasta la fecha.

Los jóvenes ni siquiera tenían acta de nacimiento, por lo que el equipo de futbol inició su trámite para que contarán con pasaporte y visa. Entre otros, a Gerardo “el Shaggy” Jiménez y José “el chorro” de la Fuente.

Ya sea por inocencia, por prepotencia o por ignorancia, de lo que sí pecaron fue de imprudencia, ya que se les ocurrió fanfarronear aseverando que el acta de nacimiento era “nueva”, obtenida ex profeso poder ir al Mundial. Información que llegó a medios de comunicación amarillistas como Ovaciones o La Jornada, quienes inmediatamente señalaron la potencial irregularidad del asunto en abril de 1988, mientras se desarrollaba la eliminatoria. De hecho, al investigarse a fondo el asunto, se descubrió que dos jugadores sí resultaron ser cachirules: el tapatío José Luis Mata y el tampiqueño Aurelio “el coreano” Rivera, quienes eran claramente mayores (4 y 7 años, respectivamente).

Ante lo mediático del asunto, la Federación Mexicana de Futbol recibió sanciones como expulsiones definitivas de directivos y vetos a participar en el Mundial Juvenil en tránsito y el siguiente Mundial de este deporte a jugarse en Italia el año de 1990.

La falta de educación y la ilegalidad (por no tener miedo a las consecuencias) conllevaron a perder la oportunidad de participar en una gesta mundial; pero, el principal daño fue ganar una merecida mala reputación como país en el concierto de las naciones.