Thursday, March 18, 2010

Éste era un Rey... Juan de Dios Peza.







En cada corazón arde una llama,

si aún vive la ilusión y amor impera,
pero en mi corazón desde que te ama
sin que viva ilusión, arde una hoguera.






Uno de lo poetas mexicanos más referenciados popularmente es también de los más atacados por la crítica literaria como "meloso" o "cursi": Juan de Dios Peza.

Sin embargo, su estética y su respeto a la métrica/rima es tal, que la gente lo conoce muy bien de sus primeros años de formación en la escuela... pero a través de su obra, ya que sus temas o versan sobre la Patria, o tocan con ternura temas cotidianos acerca de la Familia.

Juan de Dios fundó la Sociedad de Autores Mexicanos y fue íntimo amigo/compañero de estudios de Manuel Acuña, que aunque ambos no terminaron la escuela de Medicina (Acuña en cambio, terminó con su vida), sí compartieron su pasión por la lírica al fundar muy jóvenes la Sociedad Literaria Nezahualcóyotl.

El martes pasado se cumplió su centenario luctuoso (16MAR10), su sepelio fue una de las últimas grandes ceremonias celebradas por Porfirio Díaz.


Ven mi Juan, y toma asiento
en la mejor de tus sillas;
siéntate aquí, en mis rodillas,
y presta atención a un cuento.

Así estás bien, eso es,
muy cómodo, muy ufano,
pero ten quieta esa mano,
vamos, sosiega esos pies.


Éste era un rey... me maltrata
el bigote ese cariño.
Éste era un rey... vamos niño
que me rompes la corbata.

Si vieras con qué placer ese rey...
¡Jesús! ¡qué has hecho!

¿Lo ves? en medio del pecho
me has clavado un alfiler!

¿Y mi dolor te da risa?
Escucha y tenme respeto:
Éste era un rey... deja quieto

el cuello de mi camisa.

Oír atento es la ley
Que a cumplir aquí te obligo.
Deja mi reloj... prosigo.
Atención: Éste era un rey...

Me da tormentos crueles

tu movilidad chicuelo,
¿ves? has regado en el suelo
mi dinero y mis papeles.

Responde: ¿me has de escuchar?
Éste era un rey... ¡qué locura!
Me tiene en grande tortura
que te muevas sin parar.

Mas ¿ya estás quieto? Sí, sí,
al fin cesa mi tormento...
Éste era un rey, oye el cuento

inventado para ti...

Y agrega el niño, que es ducho
en tramar cuentos a fe :
«Éste era un rey»... ya lo sé
porque lo repites mucho.

-Y me gusta el cuentecito
- y mira, ya lo aprendí:
«Éste era un rey», ¿no es así?
-Qué bonito! ¡Qué bonito!


Y de besos me da un ciento
y pienso al ver sus cariños:
Los cuentos para los niños
no requieren argumento.

Basta con entretener
su espíritu de tal modo
que nos puedan hacer todo
lo que nos quieran hacer.

Con lenguaje grato o rudo

un niño, sin hacer caso,
va dejando paso a paso
a su narrador desnudo.

Infeliz del que se escama
con esas dulces locuras;
¡Si estriba en sus travesuras
el argumento del drama!

¡Oh Juan! me alegra y me agrada
tu movilidad tan terca;
te cuento por verte cerca
y no por contarte nada.


Y bendigo mi fortuna,
y oye el cuento y lo sabrás:
«Era un rey a quien jamás
le sucedió cosa alguna».


Saludos.

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